
Sus brazos del color del ébano me acunaron, y me susurró algo al oído, me quería. De pronto, oí un golpe, y su cálido abrazo me abandonó. Su dulce mirada se cruzó con la mía, una lágrima resbalaba por su mejilla, me quería.
Volví a escuchar esa voz, otra vez esa voz, y de nuevo gritaba, oí como mamá se defendía, estaba gritando, pero él la volvió a tirar al suelo, y pude oír los golpes sobre su cuerpo.
De nuevo volvió a hablar, su voz ya no sonaba decidida, ahora suplicaba. Él no la escuchó, siguió dándole patadas, hasta que su voz se tornó en llanto, y éste abandonó su cuerpo.
Él desapareció. Otro golpe sonó al cerrar la puerta. Mamá seguía en el suelo, inerte, y entonces prorrumpí en un llanto, lloré por su vida. Nunca la olvidaré, porque yo la quería.
Marvi
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