viernes, 23 de abril de 2010

Algo que nunca podré olvidar


Mi primer día de instituto en el Duque De Rivas era viernes, 15 de septiembre. Entonces entraba en primero lo que significaba que éramos los más pequeñitos. Iba acompañada de mi madre, cuando me vi a las puertas del instituto. Mi madre me vio nerviosa y me dio un abrazo muy fuerte y se despidió de mí. Así supe que todo iría bien y que todo seguiría igual. Al entrar, vi a la conserje en medio del bullicio. Se llamaba Carmen. Le pregunté donde estaba mi aula y me llevó a ella. Después se fue a conserjería. En el trayecto hasta mi aula, me habló sobre como funcionaban las cosas en el instituto. Ahí me dí cuenta de que aunque tuviéramos once años, nos iban a tratar como adultos. Mientras me lo relataba, llegamos al aula. Me encontré en la puerta de mi aula. Podía leer un cartel donde ponía “1º ESO B”, y me sentí orgullosa de mí misma. Al entrar estaban todos mis compañeros: los que no conocía junto a los conocidos. Reconocí a un amigo de toda la vida y me fui a su lado. Fue un alivio en ese momento. Me senté en la segunda fila, junto a la ventana.

De pronto sonó el timbre. Entró por la puerta el profesor: Rafael (me recordó a un ogro de los cuentos porque no paraba de mandar a callar). Se sentó en su silla que a mi me parecía un trono. Empezó a hablar y nos explicó que nuestra tutora estaba de baja por maternidad. De pronto, me mandó a por un parte porque había varios alumnos que se estaban comportando mal. Salí de la clase para dirigirme a conserjería, pero estaba tan nerviosa que me perdí. El instituto no es muy grande, pero no lo conocía. Fueron unos minutos horribles pensando que el profesor me estaba esperando con el parte y yo no sabía ir ni volver. Al fin ví unas escaleras y bajé. Pero bajando me tropecé y caí. Me vió Carmen y me ayudó a levantarme. Le dije lo que buscaba y me lo dio. Así que volví a clase y se lo dí al profesor. En el aula, el profesor dio el horario, la lista de profesores y las normas de comportamiento. Terminó la clase y salimos. Me dirigí a mi casa, pensando en lo ocurrido. Cuando llegué les conté todo lo ocurrido a mis padres. Cuando terminé el relato me di cuenta de que había sido un día espectacular y que en el fondo estaba deseando volver.


Meloja

1 comentarios:

rafael dijo...

Al leerlo, he tenido dos sensaciones: una ha sido haberte acompañado durante tu primer día como si hubiera estado a tu lado (tu relato ha sido ilusionado e ilusionante); otra, ha sido volver a revivir mi primer día de bachillerato hace ya más de treinta y tres años. Gracias a todos los que habeis hecho posible que los sueños se hagan realidad.

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